Con la llegada del verano, vienen las insolaciones, las playas atestadas de gente, las rebajas en las que no hay nada, las olas de calor y para colmo no puedes refugiarte en un nuevo episodio de tus series favoritas porque hasta septiembre con suerte no hay nada.
Ante este panorama intenté salir a la calle, ver a la familia, tener una vida alejada de internet pero fue cerrar la puerta...
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| Mejor entramos y buscamos una serie nueva |
Ante este panorama me puse a buscar y me dió por ver Shameless, en su versión americana y por fin encontré algo que me hacía levantarme rauda y veloz a encender el ordenador por las mañanas y poder desconectar del mundo exterior (de vez en cuando me asomo pero como veo que va de mal en peor vuelvo a mis series, que son menos violentas y trágicas).
Hay series que te hacen reír, otras que te hacen llorar, algunas te sorprenden e incluso están las que te hacen sentir que formas parte de la serie y no como un mero espectador, pero pocas veces se dan todas esas características juntas y es lo que me ha pasado con Shameless (no es que me haya enganchado, es que he visto todos los episodios en menos de una semana).
Seis hermanos en un barrio marginal, con un padre borracho que todo su trabajo consiste en intentar sacar dinero del estado, una madre que se larga y todas las situaciones que pueden pasar a una familia que podría definirse de todo menos normal hacen una combinación que hace que los casi 60 minutos que dura cada episodio, pasen volando y quieras otro más.
Es curioso ver lo que depara cada personaje pero las sorpresas siempre están garantizadas.
Otro de los atractivos de la serie es ver cómo crecen alguno de los actores y mejoran temporada tras temporada, como pasa con Lip.






























